*Amor de plenilunio*

febrero 11, 2010 at 10:17 pm Deja un comentario

En busca de tranquilidad, paz, y tras un mes agotador por los exámenes y trabajos de fin de ciclo en la universidad. Decidí visitar a mis abuelitos paternos. Pomabamba, la provincia del chimaychi y las bellas polleras negras hechas a base de bayetas y bordadas con hermosas trinitarias, me daban la bienvenida.
Desafortunadamente, (¿o tal vez deba decir afortunadamente?), a mi abuelita le habían robado un almacén de cereales, hecho que mi tía Lola  denunció ante las fuerzas del orden, y tuvo que ser remitido hasta Pomabamba.
Preferí esperar en la salita de espera. Dejándome aturdir con las letras de una canción que me llenaba de una nostalgia indescriptible.
“se me ha perdido el corazón,
Si alguien lo tiene por favor que lo devuelva”…

Mientras mi tía platicaba con el técnico que había tomado el caso.
Cuando tarareaba en silencio el coro de esa canción, lo vi entrar. Alto, moreno, de unos 20 años, (después supe que tenía menos) y con un lunar hechicero justo encima de sus carnosos labios.

 Presumí que llegaba de algún operativo o alguna comisión porque su faena estaba enlodada. Se veía demasiado serio aún así quedé irreversiblemente cautivada.

Minutos después mi tía salió y tuvimos que irnos (ahora quería quedarme). Desde aquella noche me agradó ir a la comisaría, me cayeron mejor los policías y no me importó caminar por las calles enlodadas de aquel, ahora sí, soñado lugar.

Ahora la aterradora posibilidad de no volver a verlo, revestía mi corazón de sobresalto. El cortejo no pasaba por mi mente, simplemente quería volver a verlo. Memorizar cada detalle de su rostro. Su inconfundible lunar. Sus pestañas rizadas. Su aire de niño travieso.
Después de todo no tenía nada de malo tener pensamientos novelísticos con finales felices. Así que empecé a creer en los amores predestinados. Con fortuna, volvimos a vernos, con ayuda del destino y una manito del técnico Álvarez quien finalmente nos presentó. Así que podría decirse que, nuestro primer beso (en la mejilla), nuestro primer hola, fueron literalmente una orden superior.

Lo nuestro fue de ese tipo de coincidencias que causan la impresión de estar planeadas al detalle. Y es que los siguientes encuentros fueron sorprendentemente casuales, dado que coincidir por aquellos lugares que distan no menos de 2 horas, y en las que sólo hay teléfonos rurales. ¡Sólo podía ser el destino!

Hecha la presentación, las cosas fueron más sencillas. Con fortuna la segunda vez que nos vimos el se acercó a saludarme. Aquella misma tarde viajamos juntos (por casualidad), en el mismo auto.
Tal vez me equivoque, pero notaba una complicidad tácita, sobreentendida y correspondida. Que se iba fortaleciendo durante las 5 horas de viaje, que tuvimos para conocernos y desde nuestras entrañas empezar a soñar. Refugiados en un mutismo innecesario, que no impedía que su risa, sus gestos toscos, mi nerviosismo y rostro ruborizado salgan a relucir.

Al llegar a nuestro destino ya habíamos intercambiado números telefónicos. Y en un gesto de caballerosidad me prestó una casaca para guarecerme del frío y claro tenía el pretexto perfecto para reconocer su aroma.

Los hechos siguientes fueron todavía más inverosímiles. Al parecer no éramos los únicos con esa complicidad sobreentendida. El capitán Gallardo y mi tía Lola, también dejaron sus ilusiones desperdigadas por aquellos vastos senderos. Y es que su verbo florido, su galantería, los halagos, los comentarios pícaros y hasta la sutileza disfrazada con oscuras intenciones enredaron a mi tía.

Eran aproximadamente las 8:00 pm, cuando llegamos a nuestro destino. Cuando creí que la despedida era inevitable. El capitán (siempre con su aire pícaro y galantería disfrazada), sugirió: “¿Por qué no vamos a los baños termales?”. Era más que obvio que sus intenciones habían subido de grado. Aunque para disimular hizo una invitación abierta.

Por su parte mi tía, no afirmó ni negó nada, sonrío cómplice, accediendo así a la maliciosa invitación. Aunque, finalmente no fuimos a los baños termales, si no a un bar, ubicado por los alrededores. Ya en el lugar, el capitán pidió de golpe 3 cervezas.

Mientras mi apuesto galán y yo preferimos recorrer las calles enfangadas de aquel lugar.

Caminamos en medio de la nada, ensuciando nuestras zapatillas con el fango arcilloso que caracterizaba las calles por esos días. Sin embargo, esas manchas en las medias sucumbía,  nuestras manos se permitían los primeros roces con el pretexto de cruzar la acera,  un aire nostálgico nos unificaba.

Cuando regresamos, decididos a unirnos a la celebración merluza de ese par de falsos tórtolos, ellos lucían jocosos, mi tía además de varios litros de lúpulo recorriendo por su cuerpo, pintaba sus labios con un  chupetín sabor a fresa – que seguramente le dejaba los labios dulces, disimulando un poco el olor a  licor.

La madrugada de aquel lugar le abría el paso a ese cuarteto de almas, un par de civiles y un par de uniformados,  que coincidieron en tierras tan lejanas. Caminamos emparejados “presa” en brazos,  ellos (el capitán y mi tía Lola)  soltando risotadas poco discretas, pegados como gusanitos zigzagueando sus pasos y besándose con una pasión que pareciera haber estado encasillada hasta ese día de luna llena. El capitán no perdía oportunidad para halagar la finura de su cintura. Pareces una Barbie oí que le decía mientras sus labios se asomaban por el cuello alborotado de ella, asintiendo con exagerada aprobación, como si se tratase de  alguien a quien conoce de toda la vida.

Nosotros (su subalterno y yo), avanzamos próximos a ellos, para no perderlos de vista  a paso lento, juntando los labios más con ternura que pasión, conmovidos por  el plenilunio y el cielo lleno de estrellas que nos cedía el paso sin tropezones de por medio.

 Aquello era un contraste  no sólo de edades, sino de vivencias, experiencias, que fueron adquiriendo formas cual alfarero, cuya obra final culmina con la muerte.

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Finalmente no había quedado más que la nostalgia esparciéndose en el aire. * Mi primera vez *

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Lady Moreno Córdova

Lady Moreno Córdova

A CERCA DE MI

Tengo 23 años. Soy Comunicadora Social. Creé este espacio, con la ayuda de un amigo, quien me da algunas clases a través del msn, (ya habrá oportunidad para relatar como fue que nos conocimos), por que me encanta escribir, es como una terapia, me relaja, me energiza, me renueva.
Siempre me han gustado los sobrenombres, creo que es parte de mi personalidad inestable, por eso decidí nombrar este espacio GYPSYROSSE, término formado por yuxtaposición.
No quiero hacer tanto melodrama a cerca de mis amores vanos del pasado. Así que escribiré a cerca de mi entorno, mis amigos, mi familia, mi casi novio, etc. Claro siempre con su debido consentimiento.

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