Misiva Pendiente I
octubre 29, 2010 at 5:26 pm Deja un comentario
Siento que me ahogo en la melancolía. “Hay momentos robados que terminan a prisa”, recuerdo que esas palabras las oí una vez de tus labios, cuando algo confundido “intentaste” describir uno de nuestros tantos momentos en las que nos dejamos querer.
Siempre que he podido escribirte, o las veces que como hoy siento que me ahogo en la melancolía, recurro a ti, porque quiero decirte que tu recuerdo me persigue. Porque, mi vida está llena de recuerdos, de palabras que traspasan mi asfixiado corazón.
Aunque a estas alturas de la vida ya no sé qué creer, cómo sentirme, qué decirte, mis palabras me suenan necias, absurdas y falsas, me he pasado la vida diciéndote “cuánto te quiero”, “no puedo olvidarte”, “te amo”, en fin.
No sé porque siempre recurro a ti, porque eres el protagonista, de mis frustraciones y mis fantasías, porque hoy mi nube se torna más oscura, porque mis ojos se van cubriendo de lágrimas que intento disimular.
Me has moldeado a tu manera, con tus defectos, tus virtudes y tus benditas palabras diciéndome nuevamente “que hay momentos robados que terminan a prisa”. Particularmente, quisiera decirte, que aún cuando creas conocerme toda, te equivocas, porque las veces que me ignoras, mi corazón te cierra las puertas y por instinto toca las puertas de corazones extraños que no tienen más que “momentos robados para mí”.
Quiero simplificar mis sentimientos, dejarme de complicaciones absurdas, vivir cada minuto como si fuera el último, aunque no sean tus brazos los que me cobijen, y aunque tenga que vivir sólo de “momentos robados”.
Quiero robarle ése momento al tiempo, y olvidar los instantes en las que como hoy, completamente desolada, recurro a ti para no sentir que el fango de mi amor hipócrita me atrapa. Tengo el corazón atiborrado de falsas emociones y amores con alboradas ficticias.
Mi amor aunque profano, te busca, porque eres como un antídoto irrisorio de instantánea felicidad. No sé si alguna vez dejarás de buscarme entre el frío de tus días desterrados, en medio de la tempestad, entre las densas nubes negras. Tal vez, dejarás de sentirme sigilosa recorriendo tras tus huellas.
Y quizá entonces ya no sienta el frío de la lluvia, ni los cúmulos de nieve que hoy escarchan mi corazón. Tal vez, hasta entonces las lágrimas que hoy me entumecen de dolor diluyan el hielo de mi corazón.
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